Los científicos han encontrado una manera de convertir  cáscaras de fruta, periódicos y otros productos de desecho en combustible barato para alimentar los vehículos del mundo. Su creador dice que el nuevo enfoque es más verde y menos costoso que los métodos actualmente disponibles para alimentar a los vehículos. El objetivo es combustible más limpio y la meta es relegar a la gasolina a un combustible secundario.

En la University of Central Florida, el profesor Henry Daniell ha desarrollado una técnica con el Departamento de Agricultura de EE.UU. que utiliza derivados de las plantas como las cáscaras de naranja y otros materiales de desecho y lograr la fermentacion, dando lugar al etanol. El avance también se puede aplicar a varios productos no alimenticios como caña de azúcar y paja.

La utilización en los automóviles del bioetanol, elaborado a partir de la pulpa y la corteza de naranja, puede reducir un 90% las emisiones de CO2 respecto a la gasolina

Actualmente, almidón de maíz se fermenta y se convierte en etanol, pero el etanol derivado del maíz produce más emisiones de gases de efecto invernadero que la propia gasolina. Daniell explica que el etanol creado con su enfoque produce mucho menos emisiones de gases de efecto invernadero que la gasolina o la electricidad.

También hay una gran cantidad de productos de desecho que podrían ser utilizados sin reducir el suministro de alimentos del mundo o subir los precios de los alimentos – una preocupación común derivada del uso del combustible de la biomasa. En Florida solamente, las cáscaras de naranja podría crear alrededor de 200 millones de galones de etanol cada año, según Daniell. De acuerdo con Daniell ninguna empresa del mundo puede producir etanol celulósico – etanol que proviene de la madera o las partes no comestibles de plantas.

Dependiendo del producto de desecho utilizado, una combinación específica o «cóctel» de más de 10 enzimas se necesitan para cambiar la biomasa en azúcar y etanol. Las cáscaras de naranja necesita además la enzima pectinasa, mientras que los residuos de madera requiere de la enzima xilanasa. Todas las enzimas utilizadas por Daniell y su equipo se encuentra en la naturaleza, creadas por la gran variedad de especies de microbios, bacterias y hongos.

El equipo de Daniell ha clonado genes de hongos descomponedores de madera, bacterias y/ó enzimas producidas en plantas de tabaco. El tabaco fue elegido como un sistema ideal para la producción de enzimas, ya que no es un cultivo alimentario y produce grandes cantidades de energía por hectárea. La producción de estas enzimas en la producción de  tabaco en vez de la fabricación sintéticas pueden reducir el costo de producción mil veces, lo que podría reducir significativamente el costo de la producción de etanol, según Daniell.

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